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COLINA DE BUDA Y PALACIO REAL
Con el tiempo ajustado debido al denso programa, tomamos el autobús 86, que
nos lleva a la Plaza de Adam Clark, donde está el Kilómetro Cero junto al
Puente de las Cadenas. Es el primero que unió Buda y Pest, en 1849, y el más
bello de los nueve que comunican las dos partes de la ciudad. Fue construido por
el ingeniero Adam Clark y, según dicen, se suicidó al terminar la obra y darse
cuenta que se había olvidado de la lengua de los leones que custodian la
entrada del puente por el lado de Buda.
Tomamos el funicular y subimos a la colina de Buda, donde está el Palacio
Real que hoy alberga numerosos museos, como el de la Historia de Budapest y la
Galería Nacional Húngara. Aquí está el verdadero corazón de Buda. Viejos
edificios, testigos de un pasado glorioso, sucesos históricos que conmovieron a
Europa y una de las más bellas vistas panorámicas de Budapest.
Recorremos el Barrio del Castillo declarado por la UNESCO Patrimonio de la
Humanidad y uno de los lugares más románticos y hermosos de Budapest. Es un
núcleo urbano ancestral, que aún conserva recuerdos medievales y al mismo
tiempo el principal conjunto de monumentos del país.
Tenemos la sensación de volver al pasado, a un mundo distinto, sosegado en
el que los portales de las casas esconden piedras romanas y nichos esculpidos de
la época caballeresca. Debajo del barrio se oculta un Laberinto de Grutas, lo
suficientemente grande como para que en la II Guerra Mundial se pudieran
instalar en él, unos 20.000 soldados alemanes.
El lugar más concurrido es la Plaza de la Santísima Trinidad, donde se
erige uno de los edificios más característicos de Budapest, la Iglesia
Matías, con más de 700 años, donde los ciudadanos de Budapest excomulgaron al
Papa Inocencio VIII, en 1302.
Aquí, tuvo lugar la coronación de Francisco José y Sissi, y el húngaro
Franz Liszt estrenó su Misa de la Coronación, aunque él mismo no pudo
dirigirla porque llegó a la iglesia sin invitación. Imaginamos esa fastuosa
ceremonia principesca e incluso el enfado de Liszt... ¡Aquí todo es posible! .
Curiosamente por primera vez encontramos una iglesia que no lleva nombre de
santo sino de gobernante: el rey Matías Corvino, que se desposó en esta
iglesia dos veces. El templo de torre gótica, junto con el Bastión de
Pescadores, con sus piedras blancas, situado detrás de la iglesia, constituyen
un conjunto armónico y es motivo de fotografías y postales. Junto al Director
de la Oficina Nacional de Turismo de Hungría en España, posamos todo el grupo
rutero de Europa con el telón de fondo de una de las más hermosas vistas de
Pest y el Danubio.
Entramos en uno de los patios del Castillo donde se encuentra la bella Fuente
de Matías, que representa una alegoría de caza. Nuestro anfitrión que
realmente disfruta tanto o más que todo el grupo en esta Ruta, comenta que
según la tradición, quien arroje una moneda en sus aguas, tiene garantizado
regresar a Budapest. Sin pensarlo dos veces, unimos nuestras manos y cumplimos
con esa antigua costumbre. Cada uno de nosotros está realizando con este viaje
un auténtico sueño. ¿por qué no repetirlo? .
Las pintorescas callejuelas que forman el Barrio del Castillo están
edificadas con cimientos medievales y casi cerrado al tráfico. Es un sitio
perfecto para pasear contemplando sus bellas muestras de arquitectura y arte o
para hacer un alto en alguno de los buenos restaurantes , exquisitas
pastelerías como Ruszwurm, de 1827 y agradables terrazas.
Nuestro anfitrión nos lleva a visitar la Casa de los Vinos Húngaros o
Magyar Borok Háza. Un lugar típico para degustar hasta 70 deliciosos vinos del
país. Es costumbre enseñar documentales y planos sobre las regiones
productoras , los orígenes y métodos de su elaboración. El amigo belga
reconoció que ya estaba ansioso por hacer una cata de los reputados vinos
nacionales, después de pasar tantas horas entre baños y termas. Recibió un
fuerte aplauso.
Oficialmente hay hasta 22 regiones vinícolas en Hungría, pero es en la
parte septentrional donde se producen los vinos mejores y más famosos del
país, gracias a los suelos volcánicos: el Tokaj, con sus muchas variedades .
Esta bebida mundialmente famosa, de color blanco y fuertemente afrutado y
azucarado, ha merecido el honor de figurar en la letra del himno nacional del
país.
Seguimos por el Barrio del Castillo observando la diversidad de estilos en
sus edificios, unos muy estrechos y otros elegantes palacios barrocos y rococó
que proceden de la época posterior a los turcos. Entre ellos, el internacional
y lujoso Hotel Hilton, construido hace más de 25 años. Entramos para conocer
su patio donde se puede ver el claustro de un convento medieval, así como las
ruinas de una iglesia. En verano constituyen el escenario de representaciones
teatrales,.
Proseguimos nuestro programa y dejamos el barrio del Castillo para descender
hacia la orilla del Danubio y visitar las instalaciones del Baño Rudas,
próximo al Monte Gerardo (Gellérthegy).
El centro del balneario, el actual baño turco, se creó en el siglo XV,
durante el dominio turco. Bajo la cúpula de unos 10 metros, sostenida por ocho
columnas, se encuentra una piscina octogonal. Alrededor vemos un pasillo de
bóveda de medio cañón. Actualmente, la unidad de baño de vapor sólo puede
ser utilizada por hombres. Esto es muy importante. Y aunque se advierte en los
folletos turísticos, a veces genera cierta confusión.
¿Es un baño turco solo para HOMBRES?, pregunta la colega rumana. Al
Director de la Oficina Nacional de Turismo de Hungría en España, no le asombra
la pregunta. En realidad, la sección de baños termales es solo para hombres;
las otras secciones (bañeras, piscinas) son también para mujeres.
Nos reciben con gran amabilidad y además estamos de suerte. No esta
utilizándose a esta hora, la piscina de baños termales. Esto permiten que
admiremos su espectacularidad y diseño. El ambiente en semipenumbra me
recuerda, los hamman turcos. La piscina construida en 1896, funciona como
piscina terapéutica con sauna desde el año 1918. Cuenta con 6 piscinas
termales (16 º- 42º) y otra piscina, a unos 29º.
Recorremos las instalaciones del primer piso donde se ubica el departamento,
muy completo, de fisioterapia (hospital de día). Como en todos los balnearios
terapéuticos, el agua termal radioactiva tiene iones de sulfato y cloruro,
hidrocarbonato de potasio y magnesio. Observamos que aquí el contenido en
flúor es considerable.
Este patrimonio turco, al igual que los anteriores, es muy valioso no solo
por su estado de conservación sino por ser accesible su uso por prescripción
facultativa.
En el Gellért SPA todo está preparado para la recepción y cena de Gala,
colofón de la Conferencia de Turismo y apertura del Año de la Salud. El Grupo
de ruteros europeos coincide en definir la estancia en Baños Gellért como el
mejor broche de oro para una Ruta Termal por los Reales de Budapest.
Antes, sugerimos subir a lo alto de la Colina Gellért a cuyos pies está el
célebre balneario, donde se encuentra la Ciudadela. Desde el borde de las
murallas y entre miradores se consigue una espectacular perspectiva de Buda y
Pest abrazadas por el Danubio. Es la despedida a una jornada que resultó ser un
auténtico "revival" de emociones termales.
Una estancia en el emblemático edificio Gellért es la vivencia más deseada
de cualquier termalista. Es entrar en la historia de la cultura de los baños de
la Hungría, de su pasado ancestral y del futuro más vanguardista.
Al recorrer estos pasillos silenciosos y nobles del Hotel Gellért vino a mi
pensamiento el famoso Congreso de 1937. A instancia de la Asociación Budapest
Spa se organizó el primer Congreso Internacional de Baños. En aquel evento se
fundó la Asociación Internacional de Balnearios, con sede permanente en
Budapest. Gellért fue entonces el escenario. Hoy, cincuenta años después,
sigue siendo el escenario idóneo para unir la ciencia con la sociedad del
bienestar.
Situado en la parte de Buda del Puente de la Libertad, el edificio noble fue
construido en 1918. La arquitectura monumental del Balneario y Hotel
Terapéutico San Gellért, como se conocía en las crónicas de la época, es
clásico en sus proporciones, pero húngara en sus detalles y decorada con
rasgos orientales. Impresionante para el visitante que llega por primera vez a
este emblemático edificio, el más bello de los baños reales.
Propongo una escapada relámpago a nuestras amigas de Polonia e Italia.
Quiero descubrir el efecto artístico del balneario en la orilla del Danubio.
Tomamos el tranvía número 2 que hace este recorrido y comprobamos que ese
efecto óptico se debe, simplemente, a las maravillosas esculturas, mosaicos de
cerámica y vitrales.
Este mismo efecto lo encontramos en los espacios interiores. Nos fascina la
monumentalidad de sus columnas romanas en sus piscinas interiores, pero no deja
de sorprendernos el diseño artístico de enormes dimensiones en la piscina de
olas artificiales, al aire libre.
Precisamente, sobre la fuente de "efectos maravillosos" del balneario
Gellért, existen anotaciones ya en el siglo XV . Este balneario que era el más
grande y con las aguas más cálidas de todos los balnearios de Buda, fue
llamado por los turcos "Purgatorio". La denominación de "Baños de las
Vírgenes" también procede de los turcos, y se debe a los efectos curativos
únicos del agua termal.
En el balneario terapéutico encontramos todos los servicios (hidroterapia,
balneoterapia, mecanoterapia y electroterapia) y por primera vez, una atención
médica odontológica (dentistas) de alto nivel. Un completo departamento
fisioterapéutico (hospital de día) con sección de Inhalaciones y también un
excelente servicio en tratamientos de belleza.
Aún tengo tiempo para relajarme antes de la cena con un baño de burbujas,
el placer de los dioses ... además de hacer unos largos en la piscina interior
de columnas griegas mientras siento en mi piel la suavidad de las aguas mágicas
del Gellért. Otros miembros del grupo disfrutan en la piscina de olas. La
rumana y la rusa optan, después del baño, por descansar en la terraza femenina
y naturista, aprovechando los últimos rayos de sol.
Los huéspedes del Hotel Gellért utilizan regularmente estos servicios del
balneario. El emblemático hotel dispone de un amplio parque, 5.950 metros
cuadrados, preservando así el medio ambiente con un espacio de descanso y salud
para sus visitantes.
En la recepción previa a la cena, autoridades e invitados intercambiamos
conocimientos y expresamos nuestra felicitación a los organizadores. Budapest
presentó todo su "glamour" como capital de manantiales reales de la nueva
Europa.
La cena de Gala en el Balneario de Gellért, en el centro de Budapest, fue
una brillante ceremonia con aplausos y gratitudes. Compartí mesa y emociones
con la colega italiana y el director de la Oficina Nacional de Turismo de
Hungría en España. Entre esculturas y columnas romanas, me parecía estar "sumergida"
en la antigua Roma, mientras la orquesta y el buffet, recordaban que era un
sueño lo que estaba viviendo en pleno siglo XXI. La noche se me hizo corta.
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