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CUENCA Y LA HOZ DEL JUCAR
Para llegar a Solán de Cabras existen diferentes rutas cruzando la serranía
conquense pero si optamos por diseñar nuestra propia ruta saludable nada mejor
que viajar en coche desde Cuenca, bordeando el río Júcar.
Nuestra breve estancia en la capital de la serranía nos ha dejado un sabor
cultural impresionante: casas colgantes que nacen de las montañas y que
contemplan el paso de los siglos desde sus ventanas sostenidas en el vacío; el
Antiguo convento de San Pablo situado en la estructura rocosa de la hoz del
Huécar, hoy Parador de Turismo, desde donde contemplamos el mágico
espectáculo de las casas colgadas. Y como atractivo adicional, desde 1966, el
pintor Fernando Zóbel instaló en una de las casas colgadas el Museo de Arte
Abstracto, que se ha hecho famoso en todo el mundo y que alberga obras del
propio Zóbel y de los artistas de la categoría de Tàpies, Canogar, Saura,
Chillida, etc.
La ciudad enclavada en una colina rocosa entre los cauces de los ríos
Huécar y Júcar. Su origen se remonta a la Edad Media y nace de una alcazaba
musulmana del VIII. En 1177 fue reconquistada por Alfonso VIII que residió en
la ciudad varios años. Conserva restos del castillo y de las murallas
medievales. Su catedral fue construida entre los siglos XII y XIII. Prometemos
volver a Cuenca por ser esta una ruta de arte e historia y música recomendable
en cualquier época del año.
Cruzamos el puente de San Antón que data de la Edad Media e iniciamos el
recorrido por la carretera paralela al río Júcar entre grandes cortados que
forman la bellísima Hoz del Júcar.Parajes que son utilizados para descansar,
el baño, en una playa artificial, la pesca, el alpinismo, etc. Durante todo el
trayecto nos encontramos con cantidad de merenderos, mesones y dos campings.
Seguimos bordeando el río Júcar y llegamos al último pueblo de la Hoz, antes
de penetrar en la Sierra. Villaba de la Sierra que todavía hoy conserva
señales de su origen protogótico. Al otro lado del río, el Valle de
Cambrón,es una auténtica reserva ecológica.
Decidimos subir al Ventano del Diablo, el impresionante mirador sobre el
Júcar ( por carretera a unos 25 kilómetros de Cuenca). Resulta indescriptible
la sensación que se percibe al contemplar paisaje que ofrece la serranía. Los
barrancos y las hoces parecen haber sido pintados de un negro profundo lo que da
un aire estremecedor al camino. Colores que a veces se dulcifican sobre todo
cuando aparecen por todas partes una vastas alfombras rojas que adornan los
campos: son las varas de mimbre que se visten de otoño.
Estremece contemplar la panorámica sobre la hoz del Júcar. Al final de la
subida y tomando un desvío a la derecha surge de entre el paisaje la Ciudad
Encantada. La niebla, la humedad y el barro se combinan artísticamente y
ofrecen un aspecto fantasmagórico del lugar, incluso hoy que es un soleado día
primaveral. Este lugar insólito, que ocupa unos 20 kms. y que está declarado
de interés nacional desde 1929, lo forman un laberinto de rocas de las más
variadas y extrañas formas, que se originaron en la era secundaria y que la
acción geológica y la erosión fueron moldeando. Más que algo natural parece
la obra de un artista quem en un fantástico derroche de imaginación, hubiera
ido creando todo un mundo rocoso de la nada.
Las figuras tienen nombres populares. Así El tormo alto, una roca de aspecto
increíble que parece un hongo que produce una explosión de una bomba atómica
da la bienvenida a la magia única de la Ciudad Encantada; o El tobogán,
claustrofóbico callejón de aspecto lunar nos lleva hasta el Mar de piedra.
Cierran el recorrido, Los amantes de Teruel, dos rocas que se acercan
tímidamente la una a la otra. Descendiendo por la serranía y lejos de la
Ciudad Encantada, nos da la sensación de haber estado en una urbanización
rocosa de sorprendente belleza y poesía.
Volvemos al río Júcar y contemplar sus aguas diluyen el recuerdo de las
rocas con cierta apariencia humana o animal, recordando objetos o escenas, bien
aisladas o en grupo. Nos tomamos un respiro en la laguna natural de Uña.
Nuestra cámara recoge cautelosamente el pasear de los patos por el agua y su
abundante vegetación. Luego graba para el recuerdo este bello entorno que nos
conduce, por una carretera bien señalizada, a una piscifactoría oficial,
especializada en la cría de la trucha autóctona serrana, para la repoblación
de ríos. Es también sede de la Escuela Regional de Pesca. Dejamos este
maravilloso paraje y llegamos al embalse de la Toba, formado por el río Júcar.
Aquí nos damos un apetecible baño. No muy lejos un grupo de pescadores y
jóvenes disfrutan de la naturaleza y los deportes náuticos.
Retomamos la ruta y sin detenernos, pasamos por Huélamo que fue fortaleza de
la Orden de Santiago y por Tragacete, importante núcleo serrano y paraíso de
estancia de pescadores, ecologistas, senderistas, montañistas, etc. Por su
buena infraestructura hotelera se puede decir que este pueblo fue pionero en el
desarrollo turístico de la Serranía. Cerca, están el nacimiento del río
Júcar y la pista de esquí de La Mogorrita por la que también se llega al
nacimiento río Tajo.
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