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LA RUTA DEL AGUA
Oteando el horizonte, vemos que el conjunto formado por las llamadas hoces de
Beteta y de Solán de Cabras se ubica, exactamente, en el extremo noroeste de la
Alta Serranía de Cuenca. El río Cuervo, en su recorrido desde Santa María del
Val hasta Puente Vadillos, ha labrado su curso en el interior de una elevada
muela a la que divide en dos : la muela de San Cristóbal y la muela de
Rebollar. Pero la acción erosiva del río Cuervo, con bruscos cambios de
dirección y espectaculares flancos, ha ido creando la maravilla que es el Valle
de Solán de Cabras. Estas muelas son la principal armazón del relieve. De
superficie ondulada, casi plana, y cubiertas de espesos bosques de pinos, se
interrumpen por los vertiginosos surcos de la hoces. Las muelas son producto de
un viejo arrasamiento y permiten al agua filtrarse por las rocas.
El agua de las recientes lluvias baja a través de conductos y redes
subterráneas permeables a gran velocidad, y al topar con una capa más
impermeable busca una salida horizontalmente y la encuentra en los flancos de
las hoces donde son frecuentes las surgencias de manatiales en épocas de
lluvia. El acuífero de Solán de Cabras no se produce por infiltración de
aguas pertenecientes a capas superiores más permeables. Es como una gran
tubería, con varias bocas de entrada dispersas por la Serranía y una sola
salida : el manantial.
Esta "tubería" es una capa perteneciente al JURASICO. El acuífero
está situado en el nivel 4, y está formado por calizas bioclásicas y calizas
arenosas de una potencia de 15 a 20 metros, muy permeable. Una casualidad hizo
posible que la labor erosiva del río Cuervo rompiera un pliegue de ese conducto
en el fondo del Valle de Solán y puso al descubierto el manantial.
El agua, que es vida e historia, va despertando nuestra curiosidad según
vamos avanzando por el Valle de Solán. Y es que este manantial, de inagotable
frescura y pureza, dispone de testimonios escritos que recuerdan la curación de
la artritis de Julio Graco, en el año 182 a.C. Más tarde, D. Pedro Gómez de
Bedoya, en 1746, aporta datos en los que asegura cómo este lugar se convirtió
en centro de peregrinación para la sanación de multitud de enfermedades.
Fue precisamente, la curación de D. Pedro López de Lerena, Ministro de la
Real Hacienda, el motivo por el cual, en 1755, el Rey Carlos III ordena
construir los baños y la casa hospedería, que todavía hoy sustenta las
actuales instalaciones del Real Balneario de Solán. Años más tarde, el agua
de Solán de Cabras sería declarada de utilidad pública por el rey Carlos IV,
en Real Decreto de 10 de abril de 1790, al igual que el Balneario y el Real
Sitio. Fue tal su prestigio que hasta el mismísimo rey Fernando VII y María
Josega Amalia de Sajonia, viajaron en 1826 a Solan de Cabras, buscando remedio a
la esterilidad de la Reina en estas salutíferas aguas.
Sin embargo, el primero que contribuyó a divulgar sus beneficios
terapéuticos fue el Dr. Forner, en el año 1787. Las descripciones de sus
efectos sobre el organismo están recogidas en su libro"Noticias de las
Aguas del Manantial de Solán de Cabras en la Serranía de Cuenca".
Decía por aquel entonces el galeno : "apenas se hallará fuente de
quien se cuenten tantos y tan justificados prodigios médicos ; comprobados con
tan segura auténticidad, que es imposible negarles el asenso".
Con todo, los más fervientes propagadores de los efectos salutíferos de
estas aguas fueron los propios enfermos que acudían como peregrinos al
manantial del Valle de Solán:
"cuando los Médicos dan por incurables a los enfermos, y los abandonan
a lo que quiera hacer de ellos la suerte, las aguas de Solán de Cabras eran el
asilo último, y producían efectos, que ni aún los facultativos se atrevían a
esperar".
Los testimonios de los médicos de la época también quedan recogidos por el
Dr. Forner cuando dice: "que las hallaron oportunísimas para las atonías,
perlesias, obstrucciones, cancros, escróbulas, hernias carnosas y varicosas,
ceáticas, supresiones de orina, menstruas y hermorroydales, piedras y arenas en
los riñones, fluxiones de los ojos, alferecias, convulsiones, vahidos y todo
accidente de cabeza".
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